Bolsonaro al borde del impeachment
Gabriel E. Merino

Docente e investigador

Fotografía: Presidencia de Brasil
La crisis política en Brasil se profundiza tras la renuncia de Sergio Moro, la estrella del Lava Jato y quien encarceló al ex presidente Lula Da Silva en una insólita condena. Con él, suman ocho los ministros que se fueron en 16 meses. Apuntes de una crisis orgánica.

Por Gabriel E. Merino

¿Está complicado Jair Bolsonaro? ¿Se viene el impeachment? La crisis política en Brasil se profundiza. Con la renuncia de Sergio Moro, la estrella del Lava Jato y quien encarceló al ex presidente Lula Da Silva en una insólita condena, es el octavo ministro que se va 16 meses, lo cual no sólo es producto de las incapacidades para la conducción de “o mito” –como llaman al presidente brasileños sus seguidores– sino también de la guerra de poder en el establishment brasileño y de la crisis orgánica que atraviesa Brasil.

Lo primero a considerar es que el ex juez Moro y su hombre en la Policía Federal, el comisiario Mauricio Valeixo, tenían contra las cuerdas a Bolsonaro por distintas investigaciones que apuntaban a su círculo íntimo. Eso motivó la destitución de Valeixo por parte de Bolsonaro, a partir de lo cual renunció Moro. Lo cierto es que la rama “olavista” del gobierno (seguidores del gurú paleoconservador Olavo de Carvalho) viene retrocediendo mucho y las investigaciones en su contra no hacían más que debilitarlos.

Esta rama, que impuso la impronta ideológica del gobierno, es la del propio Bolsonaro y además de sus hijos tiene como otro referente al canciller Ernesto Araújo, autor de un texto académico que pone a Trump como salvador del Occidente (pre-iluminista) que no tiene desperdicio.

Además de poner la impronta ideológica “ultraconservadora”, antiliberal y antiglobalista, este sector posee un importante apoyo popular y construye milicias civiles paramilitares para combatir al “enemigo interno”. Se trata de una corriente que emergió a partir de la crisis de los partidos de derecha tradicionales.

Por su parte, Moro, afín a los grupos dominantes tradicionales, junto con el multimedios O Globo y los partidos conservadores clásicos van contra esta línea. Tanto que cuando Bolsonaro intentó detener la embestida sacando a Valeixo, Moro renunció y le dió un tremendo golpe, posicionándose como su sucesor


Por su parte, Moro, afín a los grupos dominantes tradicionales, junto con el multimedios O Globo y los partidos conservadores clásicos van contra esta línea. Tanto que cuando Bolsonaro intentó detener la embestida sacando a Valeixo, Moro renunció y le dió un tremendo golpe, posicionándose como su sucesor.

Mientras Moro tiene un 50% de aprobación popular, Bolsonaro posee un 33% y en caída, sobre todo a partir del lamentable manejo de la pandemia del coronavirus. La crisis política evidencia que la derecha tiene sustituto para “o mito”. La derecha necesitó a Bolsonaro para ganarle al Partido de los Trabajadores bajo apariencias “republicanas” y continuar el programa del golpe, ante la falta de candidatos propios con algún grado de apoyo popular. Podríamos decir que ahora lo necesita menos.

Ya hacía unos meses que el núcleo duro del poder del gobierno, el grupo de militares, había corrido a Bolsonaro del poder real, lo que se agudizó con el desastre de la pandemia. Uno de sus referentes, el vicepresidente Hamilton Mourão, le marcó varias veces la cancha a “o mito”.

Fotografía: Money Report

En primer lugar, el grupo de militares no permitió desarmar el MERCOSUR, como pretendía el núcleo de Bolsonaro en sintonía con Washington, sumado al ala financiera neoliberal de Paulo Guedes y a los intereses de los agronegocios de ministra Tereza Cristina. Mourão y los militares defendieron los intereses de la burguesía industrial de la Confederación Nacional de la Industria (CNI).

Tampoco permitieron la política anti-China, teniendo en cuenta que el gigante asiático es el principal comprador de las exportaciones de Brasil. Después de una gira de Bolsonaro en los Estados Unidos en donde dominaron las declaraciones contra Beijing, en sintonía con la administración Trump, Mourão visitó China para reforzar acuerdos estratégicos y tuvo los honores propios de un Jefe de Estado durante los cinco días que duró su estadía.


Ya hacía unos meses que el núcleo duro del poder del gobierno, el grupo de militares, había corrido a Bolsonaro del poder real, lo que se agudizó con el desastre de la pandemia.

También frenaron un posible acompañamiento a los neoconservadores de Estados Unidos (Bolton, Pence, Pompeo) para la intervención directa/invasión en Venezuela, bajo la doctrina de cambio de régimen y el monroísmo. A su vez, frenaron el intento de Bolsonaro de trasladar la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén.

Y aunque afines a ideas más bien liberales en lo económico, el sector que expresa Mourão impidió la venta de la división militar de la fábrica de aviones y joya de la ingeniería brasileña Embraer a Boeing (EE.UU.), no así su parte civil, aunque ahora en plena crisis hay indicios de que se cae todo el acuerdo.

No resulta casual, obviamente, que fuese Mourão quien asista a la asunción de Alberto Fernández en Argentina, contra los deseos bolsonaristas de retomar la geopolítica pre-mercosureana de neutralización de la Cuenca del Plata y asociación estratégica con Chile.


No resulta casual, obviamente, que fuese Mourão quien asista a la asunción de Alberto Fernández en Argentina, contra los deseos bolsonaristas de retomar la geopolítica pre-mercosureana de neutralización de la Cuenca del Plata y asociación estratégica con Chile.

Con la asunción del general Braga Netto en la Jefatura de Gabinete de la presidencia el 18 de febrero y sobre todo, a partir de abril con los desmanejos ante la pandemia (incluyendo la interna con el ex ministro de salud), Bolsonaro vio su poder más recortado, quedando casi de decorado.

Por otro lado, con la propuesta pro-Brasil de Braga Netto para estimular la economía desde el Estado ante la crisis, también el ministro de Economía, el monetarista Paulo Guedes, quedó con el poder recortado. Incluso ya salieron empresarios (ex) bolsonaristas a criticar la iniciativa, vista como retorno al “desarrollismo”.

La crisis aceleró la disputa de poder en Brasil y la crisis política, parte de una crisis orgánica que viene desde el golpe y la destitución de Dilma Rousseff. “O mito” quedó al borde del impeachment. Tal es así que un importante referente político tradicional, como Fernando Henrique Cardoso le pidió la renuncia. Los empresarios patrocinadores dijeron estar desilusionados y el establishment tradicional, que usó sus servicios, ven el ciclo cumplido. Sin embargo, Bolsonaro todavía tiene el apoyo de la Casa Blanca y un núcleo fuerte de seguidores.

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