Por Carime Morales Salomón

Fotografía: AP

I.

No me acuerdo, pero hay fotos. Mi hermana y yo, unas princesas del callejón sin salida, teníamos vestidos hermosos hechos por mi abuela y le estábamos regalando una Coca-Cola al Bombón.

-Manfred, Bombón, todo corazón, te quiere Cochabamba como Alcalde, sí señor.

Me mata el sí señor.

Volví a pensar en el Manfred hace unos días porque su voz y su nombre aparecen en unos audios que relatan cómo iba a ser el golpe de Estado en Bolivia, con asombrosa precisión. Hoy está esperando una ley de amnistía que le permitiría volver al país y ser el de antes, el de siempre.

Sin embargo, varios de nosotros no queremos ser los de antes. El otro día leí una imagen que me dio fuerza. Más o menos es así: el ángel de la historia mira al pasado (que es pura destrucción y muerte) mientras un huracán lo lleva, de espaldas, al futuro. Como si dijera que la responsabilidad que tenemos con nuestros muertos, con nuestro pasado, no implica ser nostálgicos ni restauradores, sino llevar su lucha e historias hacia el futuro.


Volví a pensar en el Manfred hace unos días porque su voz y su nombre aparecen en unos audios que relatan cómo iba a ser el golpe de Estado en Bolivia, con asombrosa precisión.

Quisiera escribir sin odio pero mirando fijo al 2003. Ese pasado “republicano” que añora la oposición (¿u oficialismo, quién tiene el poder hoy en Bolivia?) está sustentado en la opresión étnica, política y económica de gran parte de nuestra población.

Quisiera escribir esto: cuando jugaba a las muñecas, había un adorno de chola que siempre era la empleada. A mí, mi hermana me hacía bromas porque soy lampiña, como los indios. El aprendizaje de menosprecio a los indígenas es brutal y permanente.

El gobierno del Evo significó un pacto social y político policlasista que permitió una gobernabilidad inédita en nuestra historia. Ese logro tuvo como protagonistas a los movimientos campesinos, indígenas y obreros: los muertos, el líder y el tiempo vinieron de esos sectores.

II.

Estábamos en Esquel el día de las elecciones, y nos pasamos toda la excursión inventando canciones para el Evo, del otro lado cantaban fraude. Después de ese momento, pasan las horas en Bolivia, pero en Argentina, en mi casa, no.

Estamos enchufados, durante días no podemos hacer nada más que intentar descifrar qué está pasando dónde y pelearnos con todo el mundo. Twitter, Los Tiempos, Opinión, Facebook, La Razón, Facebook, Twitter. Está todo roto. Pero la fractura expuesta que sufre la democracia no sangra por las redes, sangra en las zonas periurbanas y rurales. En Internet se ve una pequeña resonancia magnética de cómo opera la pata civil del golpe.


Quisiera escribir esto: cuando jugaba a las muñecas, había un adorno de chola que siempre era la empleada. A mí, mi hermana me hacía bromas porque soy lampiña, como los indios. El aprendizaje de menosprecio a los indígenas es brutal y permanente.

Mi casa de allá está en la frontera de Sacaba y Cercado, que es como la frontera de la ciudad. Mi mamá ya se peleó con los vecinos que le quieren dar comida a los militares, pero participó de las barricadas para prevenir saqueos. Yo también tuve miedo.

El relato que justifica el golpe es el de una película zombie. Una masa de descerebrados alienados asedia las ciudades para quemarlas, violar a mujeres y robar. Los militares son los salvadores. Hay videos que apoyan este discurso: así se arma el relato. Pero el temor no quita responsabilidades, porque nuestra responsabilidad es con el presente y con la historia.

III.

A los líderes populares hay que exigirles todo, tienen una responsabilidad de grandeza enorme. “¿Por qué a ellos gas y a nosotros bala?”, grita Quya Reina, una gran escritora. Sin certeza, pienso que es por eso. Al Evo hay que exigirle todo.

¿Qué se le puede pedir, en cambio, a Añez? La única política que tienen los restauradores es la represión, su único poder es militar. A menos de un mes de que asumieron, 32 personas fueron asesinadas por su policía y militares, hay 770 personas heridas y 1.500 detenidas. Los hijos de nuestros senadores y diputados están ocultos en casas de conocidos y desconocidos. El cinismo de quienes han “recuperado la democracia”.


El relato que justifica el golpe es el de una película zombie. Una masa de descerebrados alienados asedia las ciudades para quemarlas, violar a mujeres y robar. Los militares son los salvadores. Hay videos que apoyan este discurso: así se arma el relato.

El gas, la constitución y la soberanía: en 2003 fueron asesinadas cerca de 80 personas que lucharon por aquello que hoy es de todos los bolivianos, y que no lo era. Hoy Senkata vuelve a estar de luto, Sacaba vuelve a estar de luto.

-La pollera se respeta, carajo. La pollera se respeta, carajo. La pollera se respeta, carajo- cantan muchos niños hoy.

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