Juan José Barrientos
La industria de la yerba mate, al igual que muchas economías regionales, refleja la necesidad de un Estado presente que regule la cadena productiva y revierta una situación histórica de precarización y explotación laboral. Actualmente, a un tarefero que cosecha a destajo unos 400 kilos de hoja verde por día se le paga $1,50 por kilo. Un salario irrisorio que se agrava con las condiciones infrahumanas de trabajo en los yerbales, similares a las de los mensúes de hace 100 años.

Por Leonardo Batista

La yerba mate es una de las infusiones más populares en Argentina, y a pesar de la crisis económica, la suba de precios y la destrucción del poder adquisitivo de los trabajadores, su consumo sigue creciendo.

Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), se consumieron 10 millones de kilos más en comparación al año pasado. Sin embargo, este aumento estadístico no se traduce en mayores ingresos para los eslabones en la base de la cadena productiva: pequeños productores y trabajadores cosecheros, los tareferos. La provincia de Misiones concentra el 90% de la producción nacional de yerba mate y Corrientes el 10% restante, que se destinan principalmente al mercado interno con un promedio de consumo por habitante de 6,5 kg al año.

La producción yerbatera es de gran importancia para la economía de Misiones. No obstante, este “negocio millonario” para unos pocos, se sustenta en la explotación laboral de miles de trabajadores. Existen aproximadamente unos 17.000 tareferos (trabajadores cosecheros), alrededor de 200 secaderos que realizan el proceso industrial de secanza de la yerba y más de 100 molinos (terminación y empaque del producto).

El sociólogo Eduardo Halliburton manifiesta que 4 corporaciones procesan el 50% de la producción de la yerba mate: Establecimiento Las Marías (Grupo las Marías); Molinos Río de la Plata y Corporación General de Alimentos (Grupo Perez Companc) y La Cachuera (Grupo Amanda). Los datos son elocuentes y demuestran el alto grado de concentración económica y su impacto negativo en la distribución de la riqueza socialmente producida. A su vez, la comercialización final de la yerba mate envasada está en manos de 12 empresas que acaparan el 90% del mercado.


El sociólogo Eduardo Halliburton manifiesta que 4 corporaciones procesan el 50% de la producción de la yerba mate: Establecimiento Las Marías (Grupo las Marías); Molinos Río de la Plata y Corporación General de Alimentos (Grupo Perez Companc) y La Cachuera (Grupo Amanda).

La situación de explotación de los tareferos en la cosecha de la yerba mate es de larga data. Estos trabajadores rurales han sido históricamente el eslabón más vulnerable e invisibilizado de la cadena de producción yerbatera. Pero esta desigualdad se potenció a partir del avance del neoliberalismo en la década del 90, que impulsó medidas para desregular la actividad yerbatera, considerando al mercado y al libre juego de la oferta y la demanda como el mejor asignador de los recursos. La crisis laboral, social y económica que se generó, acompañó el colapso institucional generalizado a que condujeron esas políticas en 2001.

Desde 2003, las relaciones de fuerza empezaron a cambiar y se llevaron adelante importantes políticas públicas y sociales que mejoraron los ingresos y las condiciones laborales de los trabajadores. Sin embargo, no se lograron modificar las condiciones estructurales de las relaciones laborales de explotación de los tareferos.

A partir de 2016, se desmantelaron áreas significativas de los organismos públicos relevantes para esta economía regional, como el Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios (RENATEA), encargadas de fiscalizaciones en el territorio, registración y denuncias por casos de trata y explotación laboral.  Estas decisiones no fueron azarosas sino planificadas  en el marco de un proyecto político en el cual los trabajadores, en particular los peones rurales y aún más aquellos vinculados a tareas temporales como la cosecha, no son más que un engranaje de la maquinaria de maximización de ganancias del capital concentrado.


La situación de explotación de los tareferos en la cosecha de la yerba mate es de larga data. Estos trabajadores rurales han sido históricamente el eslabón más vulnerable e invisibilizado de la cadena de producción yerbatera.

A pesar del tiempo transcurrido, las condiciones de trabajo y de explotación laboral en la economía de la yerba mate siguen teniendo algunas características similares a las vividas por aquellos trabajadores mensúes de hace más de 100 años. En distintos momentos de nuestra historia se pudo avanzar en mejoras significativas en la distribución de la riqueza a través de políticas públicas: como la sanción del estatuto del Peón Rural en los 40, la regulación a través de la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), las negociaciones paritarias. Pero en el largo plazo se mantienen las asimetrías estructurales que hasta el día de hoy determinan pésimas condiciones de trabajo y de vida para la población rural asalariada. Estas situaciones se agravaron con el gobierno de Cambiemos y sus políticas, que destruyeron muchos logros obtenidos y profundizaron las injusticias sociales, vulnerando aún más la vida de los trabajadores tareferos.

El trabajo en los yerbales pone de manifiesto una gran injusticia social. Para la mayoría de los tareferos las condiciones de trabajo son precarias, con salarios de miseria, sin registración laboral, cobertura de salud, ni de riesgo de trabajo. La cosecha demanda mucho desgaste físico, en lugares aislados e inhóspitos y es moneda corriente encontrar trabajadores viviendo bajo carpas improvisadas, insalubres y sin condiciones mínimas de seguridad e higiene.


El trabajo en los yerbales pone de manifiesto una gran injusticia social. Para la mayoría de los tareferos las condiciones de trabajo son precarias, con salarios de miseria, sin registración laboral, cobertura de salud, ni de riesgo de trabajo. La cosecha demanda mucho desgaste físico, en lugares aislados e inhóspitos y es moneda corriente encontrar trabajadores viviendo bajo carpas improvisadas, insalubres y sin condiciones mínimas de seguridad e higiene.

Como se paga a destajo por cantidad de hoja cosechada, algunos llevan a familiares para sumar brazos, inclusive menores de edad, aunque los contratistas y empresarios saben que el trabajo infantil está prohibido. Ellos son trasladados a los yerbales en camiones que no cumplen las exigencias de seguridad, generando varios accidentes graves, como la muerte de cinco tareferos, uno menor de edad en Salto Encantado.

Actualmente a un tarefero se le paga aproximadamente $1,50 por kilo de hoja verde recolectada. En promedio, cosecha alrededor de 400 kilos de hoja verde por día, por ende, percibe una remuneración a destajo de $600 diarios. Si estimamos que para obtener 1 kilo de yerba listo para consumir, se necesitan 3 kilos de hoja verde, y que el precio de un paquete de 1 kilo de yerba en góndola  se vende a $150 aproximadamente, concluimos que un tarefero en un día de trabajo normal aporta materia prima para 133 paquetes de 1 kilo de yerba, mientras recibe un pago equivalente a sólo 4 paquetes. Esto muestra la extraordinaria plusvalía de la que se apropian las grandes empresas, a costa de la pauperización y explotación  de quienes generan la base del valor de la cadena de la yerba mate: las trabajadoras y los trabajadores tareferos.


Actualmente a un tarefero se le paga aproximadamente $1,50 por kilo de hoja verde recolectada. En promedio, cosecha alrededor de 400 kilos de hoja verde por día, por ende, percibe una remuneración a destajo de $600 diarios.

La cosecha de la yerba mate es estacional: entre marzo y septiembre la zafra gruesa, y en verano la llamada zafriña. Es decir, estos trabajadores se quedan alrededor de 6 meses sin trabajo (interzafra, y sólo los que se encuentran registrados (en blanco) pueden cobrar durante este periodo un monto de $2.300 mensuales brindado por el Estado para paliar la falta de ingresos laborales. Se advierte que no alcanza para cubrir necesidades mínimas de la propia vida y la de sus familias. Debido a los altos índices de trabajo no registrado en la actividad, muchos tareferos ni siquiera cobran este subsidio, quedando aún más excluidos socialmente.

La precariedad, la explotación por parte de empresas y contratistas y la falta de respuestas desde el Estado, conducen a protestas sociales recurrentes por parte de los tareferos, cuyas herramientas gremiales y organizativas aún son endebles y poco reconocidas por el conjunto de la sociedad.

Quienes tomamos mate, debemos ser conscientes de esta situación y, por lo menos, elegir aquellas marcas que sabemos están producidas por cooperativas, que contratan regularmente a los trabajadores y les pagan mejores salarios, que abonan mejores precios a los agricultores que entregan la hoja verde, y como plantean algunas campañas, para tomar mate “sin trabajo infantil”.


La cosecha de la yerba mate es estacional: entre marzo y septiembre la zafra gruesa, y en verano la llamada zafriña. Es decir, estos trabajadores se quedan alrededor de 6 meses sin trabajo (interzafra, y sólo los que se encuentran registrados (en blanco) pueden cobrar durante este periodo un monto de $2.300 mensuales brindado por el Estado para paliar la falta de ingresos laborales.

En definitiva, son muchos los desafíos a encarar para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los tareferos. Poner un freno al avance del neoliberalismo y sus políticas es un paso alentador. No obstante, como afirma Atilio Boron, “ganar una elección y llegar al gobierno no es conquistar el poder”.

Por ende, el escenario inmediato y futuro estará marcado por fuertes disputas por el control de los resortes de la economía argentina, del cual la economía de la yerba mate es solo uno, para orientarlos a un aumento inmediato en la distribución de la riqueza socialmente producida, beneficiando a los más vulnerados de nuestra sociedad: en este caso, los trabajadores rurales y los tareferos en particular.

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